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lunes, 10 de febrero de 2020

Querido Jesús

Esperanza es tu nombre y mi herencia por gracia. Pero el mundo se tambalea de una forma aterradora y en medio del mar turbulento, de las olas gigantes, hago un intento por no ahogar lo importante, por acallar mis voces y escuchar tu voz. Y clamo, y respondes, y mantengo la esperanza. Mantengo la esperanza porque sé que si tan solo tocare tu manto seré salva, porque sé que aún los perrillos comen de las migajas que caen debajo de la mesa, y yo no quiero más, no pido más. Mantengo la esperanza porque sé que una esquina de tu manto es el mejor vestido que puedo tener, porque soy consciente de que unas pocas migajas en tu mesa sacian más que un banquete lejos de tí. Mantengo la esperanza, porque has vencido y has pensado en mí desde antes de la fundación del mundo, porque me conoces desde el vientre de mi madre, porque me has llamado por mí nombre, has hablado tan fuerte que no pude ignorarte, has tallado tu nombre en mi corazón y pules mi fe con fuego, nadie nos podrá separar. Mantienes mi esperanza.

Cuando mis planes se vuelven irrelevantes

 Escribo esto mientras recuerdo aquel día de enero en el que planificaba el año que recién comenzaba mientras tomaba un café ...