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martes, 19 de mayo de 2020

Cuando mis planes se vuelven irrelevantes


 Escribo esto mientras recuerdo aquel día de enero en el que planificaba el año que recién comenzaba mientras tomaba un café helado cerca de la playa. Si todo hubiera salido de acuerdo al plan, estaría a punto de presentarme a mis últimos exámenes del segundo año de carrera y preparándome para cursar mi próximo año académico en otra universidad. Pero volví a hacerlo, volví a olvidarlo: Dios es Dios y yo no.
 Hace tres meses la vida se ha estado tornando más incierta de lo normal, miles de personas han muerto a causa de una pandemia que azota al mundo sin escrúpulos.


 Han sido meses de incertidumbre, de reajustes, de parar en seco. No sé cuándo la vida volverá a la normalidad, ni siquiera sé si lo hará; solo sé que mi agenda, inicialmente llena de planes, ahora está vacía; y que, La Biblia, una vez más, tiene la razón :Podemos hacer nuestros planes, pero el Señor determina nuestros pasos (Proverbios 16:9).  Tiendo a olvidar esto constantemente, tiendo a pensar que soy capaz de controlar mi agenda minuciosamente, pero Dios vuelve a recordarme una y otra vez Su soberanía y, aunque suene paradójico, es solo entonces cuando puedo descansar realmente. Que Dios sea soberano es una gran noticia, porque significa que puedo confiar en él y en sus promesas.
 El domingo pasado escuché algo que abrió mis ojos de una manera extraordinaria. Se trataba del conocido versículo de Romanos 8:28 : Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos. Había escuchado tantas veces este versículo, pero no lo entendía en su totalidad. La primera parte del versículo dice que Dios planifica todas las cosa (incluso las que no parecen buenas ante nuestros ojos) para el bien de los que le aman. Sinceramente, no amo a Dios como debería. La Biblia dice que debemos amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente, y yo estoy muy lejos de eso, pero la buena noticia es que Jesús lo hizo por mí, él amó a Dios de la manera en la que yo nunca podré amarlo de este lado de la eternidad y, por ende, el Padre, al aceptar su sacrificio en mi lugar, me recibe con los brazos abiertos y puedo estar segura de que esta promesa es para mí. La segunda parte de este versículo dice, que estas personas que aman a Dios, son las que son llamadas según el propósito que Dios tiene para ellas. No sé qué piensas cuando escuchas estas palabras, yo durante mucho tiempo pensaba que esto significaba que al final todo iba a estar bien, y esto no es del todo erróneo, sin embargo, había perdido de vista que los planes de Dios siempre trascienden a la eternidad. Dios no me dio una nueva vida en Cristo para que mis planes en esta tierra fueran más fructíferos y prósperos, sino para transformarme poco a poco a la imagen de Su hijo, ese es Su principal propósito para mí, hasta que nos veamos en gloria. Así que sí, todas las cosas que pase en esta tierra sean buenas o malas, sean alegres o tristes, Dios ha prometido usarlas para hacerme más como a Jesús, y eso es increíble.
  No tengo ni la menor idea de qué pasará dentro de unos meses, pero doy gracias a Dios porque él es Soberano y todas las aflicciones de esta tierra me hacen recordar que, nosotros, los creyentes, esperamos una redención gloriosa. Así que irgamos nuestras cabezas y estemos listos, un día no muy lejano, Jesús vendrá por nosotros. Ya no importarán nuestros planes, solo importará el plan que ha sido desde el principio, la historia de Dios y su pueblo.
Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación. (Isaías 25:9)

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