Escribo esto mientras recuerdo aquel día de enero en el que planificaba el año que recién comenzaba mientras tomaba un café helado cerca de la playa. Si todo hubiera salido de acuerdo al plan, estaría a punto de presentarme a mis últimos exámenes del segundo año de carrera y preparándome para cursar mi próximo año académico en otra universidad. Pero volví a hacerlo, volví a olvidarlo: Dios es Dios y yo no.
Hace tres meses la vida se ha estado tornando más incierta de lo normal, miles de personas han muerto a causa de una pandemia que azota al mundo sin escrúpulos.