En
el segundo semestre de mi primer año universitario, estuvimos estudiando una
obra de Goethe titulada Las penas del
joven Werther. Goethe escribe esta obra basada en su experiencia personal y
con el fin de encontrar en ella un refugio para su tristeza. La novela nos
cuenta la historia de un joven que huye de su ciudad natal en busca de sosiego
y llega a enamorarse de una joven doncella. El único inconveniente es que esta
joven está comprometida, por lo que su amor es imposible. Werther atraviesa por
una gran depresión y decide acabar con su vida.
Esta
es una obra cuanto menos feliz, pero lo que más llamó mi atención en el momento
en el que la estudié, no fue la vida desgraciada que había llevado el joven protagonista,
sino, descubrir que después de la publicación de este libro sucedió lo que en
la historia de la literatura se recuerda como “El efecto Werther”: miles de
jóvenes alrededor del mundo se sintieron tan identificados con el protagonista,
que decidieron quitarse la vida ellos también, de hecho, la obra provocó
tantos suicidios que fue prohibida en algunos países de Europa.
Este
hecho me hizo pensar en lo influenciables que somos los seres humanos y en la
falta de perspectiva que tenemos la mayoría de las veces. Quizás hoy esta
historia nos resulte extremista o ajena a nuestra realidad ¿quién se quitaría
la vida solo por un libro? Pero la verdad es que nadie está exento de esto.
Probablemente nunca hemos sido influenciados hasta tal punto de querer quitarnos
la vida, pero ¿cuantas veces nos hemos dejado influenciar y nos hemos alejado
de la fuente de vida eterna? En mi vida han sido muchas las veces en las que el mundo me
ha influenciado con sus atractivas mentiras y las he aceptado dejando de lado
la verdad de Dios, volviéndome prisionera de las pesadas cargas del mundo. El
enemigo siempre querrá engañarnos a fin
de quitarnos el gozo y la esperanza, él es el padre de mentiras (Juan 8:44). Él
quiere que vivamos vidas como la del joven Werther y como la de los jóvenes que
acabaron con su vida después de leer su historia: sin esperanza, sin propósito;
pero Dios nos ha dado una nueva identidad en Cristo Jesús y nos ha dado las
herramientas para combatir estas mentiras y no ser influenciados, Él es la
verdad (Juan 14:6) y su palabra es verdad (Juan 17:17).
No sé cuáles son las mentiras con las que
estás batallando hoy, pero sí sé que estas traen a tu vida desanimo, dudas y
desesperanza, por lo tanto, lo único que puedes hacer es hacerles frente con la
verdad de Dios. Busca de Él desesperadamente, agárrate a Él mientras el mundo
se tambalea y tus piernas cuelgan del borde, clama a Él y Él responderá y te
enseñará cosas grandes y ocultas que aún no conoces. (Jer.33:3).

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