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En la antigüedad muchas ciudades eran rodeadas con muros con el objetivo de protegerse de los ataques de los otros pueblos o de algún tipo de catástrofe natural como las inundaciones.
Desde pequeña había escuchado historias como la del muro de Jericó o la reconstrucción de los muros de Jerusalén por Nehemías, pero hace aproximadamente un año, alguien a quien el Señor me dio el privilegio de conocer, me recordó una historia que cambió mi perspectiva para siempre.
Se trata de la historia del rey Asa. Asa fue uno de los reyes de Israel, el cual era un hombre que hacía lo recto delante de Dios. Durante su reinado, destruyó los ídolos que había levantado el pueblo judío y les exhortó a buscar al Dios vivo. En el reinado de Asa hubo un período de paz para Israel y este decidió reconstruir los muros de la ciudad para protegerla de futuros ataques y el Señor permitió que así fuera.
Cuando escuché esta historia nuevamente, los muros de mi vida estaban siendo destruidos a gran velocidad y esta historia era todo lo que necesitaba escuchar. Muchas veces dejamos nuestras vidas al descubierto y damos paso a que el enemigo entre e intente destruir nuestros cimientos. Nos distraemos y le quitamos a Dios el lugar que le corresponde en nuestras vidas, entonces todo se tambalea y nos sentimos totalmente vulnerables. Ahí comienza la lucha para volver a construir aquellos muros que hemos derribado.
Pero si hacemos como Asa, si le damos a Dios el lugar que le pertenece y construimos muros en tiempos de paz, el Señor nos dará la victoria por más dura que parezca la batalla, tal y como se la dió a Asa frente a un ejército de un millón de etíopes.
No dejes tu vida al descubierto, no permitas que el enemigo entre e intente arrebatarte todo aquello que Dios te ha dado en Cristo. Construye muros en tiempos de paz, recuerdate una y otra vez lo que Cristo ha hecho por tí, aferrate a sus verdades y que él sea tu porción para siempre. De esta manera, cuando llegue la prueba, tu ciudad estará blindada.

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