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miércoles, 31 de julio de 2019

Dios es Dios y yo no


Durante una época en mi vida me encontraba sumergida en un mar de dudas donde las olas se hacían cada vez más altas. Me cuestionaba todo, no entendía como el mundo podía funcionar de una manera tan extraña y el por qué Dios había decidido que las cosas sucedieran así. Tardé algún tiempo en llegar a la pregunta que traería consigo todas las respuestas: ¿ En qué clase de Dios había creído? O mejor aún ¿ Qué clase de Dios es Dios?  O todavía un poco mejor ¿Quién soy yo?
Las primeras preguntas fueron más fáciles de contestar cuando conseguí responder la última. ¿ Quién era yo? ¿Qué era mi vida? Nada. Me impacta la forma en la que se describe la vida del hombre en el libro de Job : " Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; retoñará aún  y sus renuevos no faltarán (...) Más el hombre morirá, y será cortado; Perecerá el hombre, ¿ y dónde estará él?" (Job 14: 7-10). El hombre es incluso menos autosuficiente que un árbol dañado, el hombre no puede encontrar ningún tipo de esperanza en sí mismo en ningún sentido, sin embargo, ha creado un concepto errado de sí mismo porque siempre ha querido ser su propio dios. Esta fue la mentira que creyó Eva en el Edén y es la herencia que nos ha tocado por naturaleza, algo que no podemos cambiar a menos de que Dios obre en nosotros y nos muestre su verdad. Cuando tenemos claro quienes somos nosotros en realidad, podemos encontrar el consuelo en quién es Dios. No somos omnipotentes, pero Dios sí; no somos omnisapientes, pero Dios sí; no conocemos nuestro futuro, pero Dios sí; no vemos más allá de nuestras narices, pero Dios sí; no sabemos todas las respuestas, pero Dios sí.
Es normal no comprender la mente de un Dios infinito poseyendo una mente finita, pero de eso se trata la fe, de saber que hay muchas cosas que no podrás comprender de este lado de la eternidad y muchas otras que a Dios no le ha plácido revelar, pero aún así, confiar en su plan, para encontrar la esperanza para la cual fuimos creados.
Ahora, cada vez que las dudas me asaltan, susurro en el silencio: "Dios es Dios y yo no"; y no hay mayor paz para mi alma que ser consciente de que nada, absolutamente nada, depende de mi humanidad limitada, sino de su deidad soberana y eterna.

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